jueves, 21 de agosto de 2008

1934-1943

"No patiaba en el vientre. Claro, eso nos lo preguntan siempre pero ia me parece un poco tri-iádo porque todos sabemos lo que fue después, vió? El fulbo para el Beni iegó relativamente tarde, fijate que hasta los 7 años todavía no era de ningún cuadro y ia sus amigos eran todos bastaaante fulboleros. Pero él siempre tranquilo, le gustaban los autitos de colección, los limpiaba, los ordenaba. No sabe cómo los limpiaba! Todo el día.. si io te contara.. Igual nunca le sospechamos ninguna tara porque era muy chiquito y se hacen todo tipo de cosas cuando uno es guachito, pero si te soy sincero, él se manejaba con una.. una cierta neurosis. A veces se me da por pensar que la mudanza al Beni.. lo cambió bastante, él no había cumplido ni los ocho cuando nos fuimos de Río Quincuagésimo para Buenos Aires. No te voy a decir que le afectaba dejar a los amigos porque era bastante retraído, casi que medio lo tildábamos de desamorado al chiquito. Pero bueno, era así.. muy de estar en sus cosas y apegarse más a los objetos te diría. Io mucha fe no le tenía al asunto, pero lo quería ver conteeento y le conseguí una pelota, una pelota de tiento así bien dura, vos viste lo que eran antes esas pelotas, no? Aparte lo veías al Beni con la pelota al pie y le iegaba por la rodilla maomeno, era una irregularidá del suelo jaja, chiquito chiquito era: un poroto.

Iba durmiendo en el asiento de atrás con la pelota agarrada, durante el viaje y la tuvo de almohada desde donde ahora está Atalaia hasta que iegamos al pueblo de Corimayo, donde nos asentamos en 1942. Pueblo es ahora obviamente, porque por esa época era desoladísimo el lugar, campo campo.. pero bueno, por ahí ia vivía mi hermano con la señora y me sumé trabajando de sepulturero con él en el cementerio de la zona. La mamá de Beni, que por esos tiempos ia no gozaba de mucha salud, trabajaba con mi nuera en una proveeduría que tenían tambien mi hermano y eia, en la que el Beni les hacía los despachos. Andaba con cajones de acá para aiá, que de alguna manera le hizo sacar fuerza.. pero él, siempre como ia te conté, siempre un alambrecito.

Te hablaba io antes de cómo se apegaba más a los objetos que a las personas a veces. Y bueno... cuando uno tiene muchos objetos y muchas posesiones podemos decir que divide su atención en todos esos objetos. El Beni nada más tenía sus autitos y la pelota, que por ese momento.. para mí ia le iba ganando la pulseada a los autitos, largamente. Hacía de cuenta que no estaba muerto io.. bah, no voy a decir muerto por respeto a los finados que me tocaba enterrar, pero hacía como que no estaba tan cansado a la noche y le daba el gusto cuando él me pedía de patear un rato. Es más! Clavábamos dos palas en la tierra del patio a una distancia de dos metros entre sí, por ejemplo, y eso eran los palos del arco. Después mas adelante cuando se hizo un grupito de amigos para jugar, seguían usando las palas, pero cruzaban una soga atada al mango de cada pala y formaban un travesaño, al que le aplicaban unos broches para sostener firme unas bolsas de arpi-iera que venían a hacer de red. Te voy a decir que ia de entrada no pateaba nada mal, aunque hasta el día de hoy la potencia nunca fue su fuerte, eso lo sabe todo el que se precie de conocedor, no? Pero fijate que io me paraba ahí pensando que íbamos a jugar a los pases y a primera me la tiraba pegadita a los palos el muy turro.. a colocar.

Eramos todos hinchas de Deportivo Mila Rayén (el equipo de Río Quinguagésimo), salvo mi hermano que era de Los Andes pero igual simpatizaba un poco por Racing, mientras que su mujer no disfrutaba mucho del fútbol. No así la mamá de Beni, que se ponía como loca viéndolo patear a él y a los amiguitos, de los que te empiezo a hablar ahora. Estaba Maximiliano, que era hijo del afilador, Don Aníbal. Con ese fue con el primero que se hablaron, y creo que era porque los dos eran personajes tan de andar de un lado para el otro que el cruce era inevitable, viste? Beni andaba con cajones, el otro chico casi todo el día en la vereda o digamos.. mas que vereda, en el frentecito de la casa. Después estaba Isidorito, que vivía con los abuelos de la mano de enfrente, a unos 70 metros. Los abuelos eran unos gaiegos, gente amorosa la verdad.. y bueno, un grupito de 8 pibes se armó al principio y después creo que terminaron siendo 10. Mas tarde se agregaría uno más, el Damián, completamente incapacitado para jugar a la pelota.. que aparte siendo el impar, se convirtió en una especie de referí-mediador, un pibe maravi-ioso que daba una risa tremenda de ver, petiso y con un corte de pelo en forma de taza tratando de separar a los que le ievaban media cabeza. Eran chiquitos y jugaban fuerte, no sabés de qué manera se entraban. El único que no jugaba fuerte era el Beni.. de hecho, todo lo contrario. Creo que en todas las veces que lo ví jugar de chiquito, jamás trabó y ganó la pelota. Le preocupaban sus piernas.. la pelota se iba a donde el azar la mande, o se la ievaba limpita el otro, y Beni se paraba y se miraba la pantorrilla. Era una contra gigante! Se iba mentalmente del partido por medio minuto! Mas adelante, de todas formas.. eso lo cambió. ¿Y sabés por qué lo digo? Te sonará exagerado pero te lo juro por dios.. que no lo trabó nadie más. El estilo que supo tener, hacía que la pelota esté en sus pies muy poco tiempo, pero solo para hacer cosas determinantes. Hacía todo a un toque.

Me di cuenta de lo que podía hacer con la pelota un día a la hora de la siesta, en la cual se disponían a jugar un partido, que los jugaban siempre con equipos fijos, Beni siempre con los primeros chiquitos que te comenté antes.. y bueno, el Damián se encaprichaba porque lo iban a venir a buscar, y Beni quería esperar a Rafael, que era el que les hacía de arquero y estaba juntando huevos de codorniz en el granero de su casa, pero avisó que ia iegaba. Damián decía que si no empezaban de una vez, aunque sea con uno menos, en 15 minutos se quedaban sin árbitro porque él se iba. Al Beni le daban gracia los arranques de Damián entonces lo empezó a sobrar iéndose con la pelota por cualquier lado, le gritaba de manera burlona que mejor les hacía de referí la tía. Me acuerdo que Damián lo sale a correr, io me asomo desde la casa y me los veo venir para mi lado corriendo... EN ESO, cuando pensé que se paraban al lado mío y Damián le quitaba la pelota con las manos, Beni mete un cambio más y puum, me dio una vuelta alrededor a la velocidad a la que cualquiera correría sin la pelota.. atadísima.. y siguió por el otro lado como habiendo dado una vuelta en U, volviendo hacia el lugar de donde vino.

El 43 fue un año que nos vió bastante bien en lo económico, por suerte, si bien eso era algo raro para la maioría de las personas por aqueios días. Pasó que el pueblo iba creciendo y en la proveeduría trabajábamos como locos, Beni de hacer tantos envíos ia dejaba un sendero marcado en todas las direcciones, como un tigre alrededor de un árbol esperando a que baje el explorador para comérselo. De todas formas ia estábamos creciendo y necesitábamos contratar aiuda porque simplemente no dábamos abasto, y empezó a trabajar con nosotros una chica vecina, Laurita, de manera que Beni ia no estaba tan atareado por esa época. Los chicos, del patio de casa se mudaron a un descampado cercano para sus partidos. Un lugar bastante grande, y la verdad que se la pasaban ahí todo el día si iban. Generalmente después del colegio, y mínimo tres veces por semana. Ia eran enfrentamientos de alto vuelo esos, con Beni a la cabeza por un lado, y con Agustín a la cabeza por el otro. Agustín Cosentino era un pibe del colegio, que si no me equivoco tenía un año menos que Beni, y una personalidad casi opuesta en todo sentido. Era uno de esos pibes que viven todo hacia afuera, inquietos, gritones, quilomberos, y de muy buen corazón hasta donde supe ver. Eran mejores amigos, y de ese grupito daban la sensación de ser los únicos que a simple vista no podían estar mejor destinados a otra cosa que no fuera la pelota. Estamos hablando de nenes de menos de 10 años que te podían mantener la pelota en el aire mas de una hora si los dejabas, ia era una cosa de no creer.. por eso creo que de alguna manera con su mamá nos mentalizamos de que no aiudar a Beni a ver hasta dónde podía iegar en el mundo de la pelota sería medio injusto y de burro, así de simple.

Con la idea de ir a probarse al Deportivo Arandilla se entusiasmaron todos, pero Agustín y Beni más que ninguno. Nos recibió Eduardo Molina me acuerdo, que era por ese entonces el coordinador de inferiores de ese club, muy discreto y que disputaba el tercer torneo profesional de la asociación. Tenía pocos socios aún y contaba con una cancha de bochas, un quincho, tres canchitas ínfimas con arcos sin travesaño y la cancha de 11 para disputar los partidos oficiales, junto a las cuales, encimadísimas tablas de madera empotradas sobre una estructura de hierro hacían de tribuna.

A los chicos que venían a las pruebas los ordenaron por categorías, y tras hacer un par de ejercicios de pelota se dispusieron a armar un partidito con un rejunte de pibes de las categorías '32 y '33 del club. Curiosamente esa fue la primera vez que Benigno y Agustín jugaron juntos. Juntos juntos, porque siempre que estaban en la misma canchita jugaron en contra.. y dejame decirte que lo que hubo ahí con esos dos en un mismo equipo fue un rotundo afano. Los chicos le ganaron a los infantiles del club por 3 a 1, con un gol de Agustín (un zurdazo al medio del arco y arriba, clavándose en el lado interior del techo) otro de cabeza con asistencia de Beni, hecho por un chico que venía de Burzaco y que jugaba en el campito de una parroquia con pibes monaguillos, se llamaba Elías Klymenko, y era desagarbado pero bastante habilidoso para la clase de cuerpo que tenía. El tercero lo hizo Benigno tras recibir una pared de Agustín, y sin pararla siquiera, darle con la cara interna del pie para que vaya rasante a la esquinita inferior izquierda. Imposible para el arquero, que le estaba saliendo a achicar y no logró atolondrar esa.. frialdad para definir que tenía Beni las pocas veces que tenía ganas de ir él mismo y llegar al gol. Lo que sí logró el arquero fue llevárselo por delante una vez que la pelota ya tenía destino de red, y se desplomaron los dos al suelo, el chico de espaldas, y Benigno de jeta para adelante.

Beni se volvió a la mitad de la cancha con un trotecito y sacudiendo las manos, mirándome a mí que estaba metros a su derecha viéndolo todo.

-Me sangra la naríz?

(Le hago que no, con la cabeza)



El sabía que en ese club lo iban a querer.


Domingo Miramonte, su padre. Entrevista realizada para El Gráfico del mes de septiembre, 1966.

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