viernes, 28 de noviembre de 2008

1943-1950 El Dúo de Oro de la zona sur / Huracán de Parque Patricios

Tras una prueba en la que tanto Benigno como Agustín Cosentino convierten enfrentando a un equipo de las categorías infantiles, el Deportivo Arandilla demuestra enorme interés por mantenerlos en sus divisiones inferiores. Es así que a través de los años que siguieron, la sincronización de ambos fue prosperando y alcanzando niveles de automatización anormal para tratarse de dos niños en edades de pre-novena. Tal fue el caso, que se empezaba a correr la voz acerca de la categoría más prometedora del club humilde del barrio de Corimayo, esa que formada por chicos nacidos en los años '34 y '35 venía haciendo estragos, y en el año 47 alcanza su punto más alto (hasta el momento) al mantenerse invicta por 51 partidos consecutivos. De no ser por un año cuyo desenlace los encontró en el tercer lugar, hubiesen sido hexacampeones, siendo ya histórico para la institución haber alcanzado el bicampeonato (hazaña jamás lograda por una división inferior del Deportivo Arandilla). Los locales se bañaban en conjeturas y esperanzas de un debut precoz de estos pequeños monstruos futbolísticos en la primera división del club, pidiendo que se los promoviese a la misma desde que Miramonte contaba con 14 octubres, y Cosentino solamente con 13. Si bien debieron esperar poco menos de dos años más, todos los espectadores tenían la chance de deleitarse con las maravillas que ambos jóvenes (junto a un plantel muy compacto que con funcionamiento de relojito propiciaba sus buenas actuaciones) efectuaban domingo tras domingo en la reserva. El tridente ofensivo conformado por Benigno Miramonte, Elías Klymenko y Agustín "El tractorcito" Cosentino, aflojaba las mandíbulas de los presentes y castigaba red tras red tras red. La capacidad de Benigno para hacer goles, y hacer que sus dos compañeros levemente más adelantados en la pizarra tambien los conviertan, era algo jamás visto. Cuando estos tres jugadores triangulaban, el cuero de la pelota se veía bañado en un adhesivo invisible que solo a ellos respondía, permitiéndoles resolver a un toque, sin necesitar de levantar la cabeza para saber en donde moraban sus mecánicos compañeros, que con el ademán ya incorporado de un latigazo, cabezazo o sutil cucharita (en el caso del lírico Miramonte) significarían "gol" sí o sí. Pero por sobre todas las individualidades, eran los momentos en los que Benigno y Agustín colaboraban el uno con el otro, los que más maravillaban.


Ellos dos eran como los hermanos Lumiére, y habían creado un tren móvil de fútbol que se hacía presente ante los rivales, como espectadores, y los haría querer huír despavoridos. Cuentan los socios más veteranos, que el día del debut del tridente ofensivo en el plantel de primera división, incluso los aficionados de San Mateo (el histórico rival, equipo que no jugaba ese día) se agolparon contra los alambrados para observar el desempeño de los nuevos talentos, que habían debutado semanas antes por separado de todas maneras. La multitud recibió con creces lo que el precio de la entrada prometía, en el minuto 14 del primer tiempo, cuando al efectuarse un saque desde el arco visitante con el pie, el mediocampista central del conjunto dueño de casa, Rubino, y el inside izquierdo visitante Morfoni, se elevan para cabecear el esférico y éste es desviado en favor del Deportivo Arandilla algunos metros hacia adelante, por lo que el mediocampista ofensivo Miramonte anticipa con inteligencia al 5 contrario y llega primero al balón que viene desde el aire, matándolo en el espacio entre su cuello y la nuca, provocando así la ovación de la concurrencia toda. Sin ser esto prueba suficiente de la calidad del 10 local, el mismo procedió a correr unos 20 metros con el balón inmóvil sobre el área ya mencionada, no habiendo reglas de retención que lo impidiesen en esos momentos, y con sus brazos en una posición que solo podría ser descripta como avícola, se abrió paso entre la marca, demasiado perpleja como para atinar a inventar una forma de quite. Aproximándose al mediocírculo del área grande, Elías Klymenko efectúa la diagonal por detrás de Miramonte, quien se detiene abruptamente para dejar rodar la pelota por su espalda y cederla al atacante con un finísimo taco. El humilde estadio explota de euforia al momento en que el 9 local estampa su botín derecho en el balón, impactándolo con la cara externa del pie para generar un tiro con leve chanfle que sacude el travesaño para fortuna del arquero, que nada alcanzaba a hacer. Contrario al caso del jóven número 11 Cosentino, que le da el merecido destino de gol a ese balón con una impresionante palomita, y Gol de Deportivo Arandilla. El primero del 5 a 1 sobre el conjunto de San Isidro, que marcaría el auspicioso debut de las promesas del ataque histórico de sus inferiores.


Si bien el Deportivo se encontraba sexto en el campeonato apenas superada la mitad del mismo, la remontada del team de Corimayo fue abrumadora con el debut de los tres valores del semillero y éste logra instalarse en la punta de la tabla restando dos fechas, y con el valor agregado de tener la chance de dar la vuelta olímpica y lograr el ascenso en el campo del rival de siempre. Con un cielo encapotado, se hizo rodar el balón por el descuidado césped de la cancha del conjunto de Burzaco, que a diferencia de lo que marca la tradición de un local con amor propio, no se dedicó a tratar de dejar parada a su morada como infranqueable, sino que solo atinó a defenderse. El pressing que practicaba el Deportivo Arandilla resultaba aplastante y la concurrencia ya palpitaba aquel histórico desenlace que finalmente se daría. Con un primer capítulo curiosamente (y milagrosamente para el equipo de San Mateo) cerrado en 0 a 0, las emociones llegarían temprano en el segundo tiempo, no significando esto que el primer tiempo haya carecido de las mismas. El público se había dado el lujo de ver una exhibición de fútbol, que simplemente no había convenido concretar goles. Los ataques del Deportivo se sucedían uno tras otro, siendo solo frustrados por una milagrosa intervención de una punta de botín o un manotazo salvador. Todo eso cambiaría a los 7 minutos del segundo tiempo, con un tiro de esquina para el equipo visitante, el cual sería efectuado por Benigno Miramonte desde el lado derecho. El centro es interceptado desprolijamente por Klymenko, que alcanza a impactar el balón con la sien con dirección de gol. En una volada magnífica, el guardametas logra desviar el esférico, que daría en el travesaño y seguiría en juego saliendo del área chica camino a la banda izquierda. Cosentino aguardaba cerca de la misma para recoger un rechazo corto, y el balón queda a sus espaldas de manera que no es posible para él interceptarlo. Es así que procede a correr tras la pelota en dirección contraria al arco, ya que esta se iría del campo por la izquierda, muy cercana al córner. A 5 metros de la banda, el dotado wing izquierdo de Arandilla se hace del balón, y con una sorprendente media vuelta remata de derecha con un ángulo infinitamente complejo, para incrustar el esférico en el ángulo. Un golazo inolvidable para todo presente, que devino en la algarabía de todos los jugadores visitantes, ya con una verdad consolidada en el marcador. Ahí no se le colocaría el moño a la tarde, sin embargo. Faltando dos minutos para que finalice el encuentro, el enardecido público visitante celebró una apilada de Benigno Miramonte que dejase a cuatro rivales en el camino casi con la emoción de un gol. Esto último por cierto, vendría al finalizar la jugada, que el mismo Miramonte reclamaría como propia tras recibir una pared del wing derecho Navas, y sorprender de emboquillada al guardametas con su ya habitual e inapelable cucharita.
Una vez finalizado el partido, la eufórica multitud inundaría el campo de juego para llevar a sus héroes en andas y acompañarlos en la vuelta olímpica. El trámite heróico de haber conseguido el ascenso a la segunda categoría del futbol argentino, en las narices de los rivales de siempre, quedaría por siempre impregnada en las retinas de todos los presentes, y todo lo acontecido esa tarde bajo el cielo del sur del conurbano tomaría un aire legendario por siempre.


"Me acuerdo que dábamos la vuelta olímpica, Elías, El Tín y Beni iban en los hombros de hinchas y de algunos de los otros jugadores tambien, cuando me di cuenta de que la expresión en el rostro de Benigno era.. no sabría como explicarlo, pero era una mezcla de alegría completamente pura por lo perfecto del momento, y del miedo a las alturas que podría tener un nene chiquito. Pensar que eran dias muy difíciles para Beni, la madre lo fue a ver a duras penas porque estaba muy complicada de un enfisema pulmonar. Ella a veces no hablaba en todo el dia para poder gritarle los goles, era una cosa conmovedora. Y el solo pensar que para Arandilla ese ascenso podía ser algo irrepetible, a uno le agarraba un escalofrío por saber que era probable que la mamá de Benigno estuviese viendo algo así por última vez. Aunque ahora que lo pienso, todos los presentes, enfermos o no, estarían viendo esa gloria del Deportivo Arandilla una sola vez en sus vidas! Eso creo que me hace sentir mucho más especial por el logro conseguido.. más como un elegido me hace sentir. Sabés que algun tiempo después le comenté a Benigno que había notado esa expresión de cagazo en su cara durante la vuelta olímpica, y me confesó que era porque sentía manos por todos lados.. como que estaban por sacarle todo lo que tenía y que andá a saber donde habían metido la mano antes todos esos. Ya era un personaje bastante neurótico a los 16 pirulos eh, eso no se lo trajo lo de ser famoso como dicen algunos."


-Fermín Navas, ex-compañero de plantel en Deportivo Arandilla.



"Con aquel logro conseguido, se generó un interés importante de parte de muchas instituciones del fútbol grande por las figuras de Miramonte, Cosentino y Klymenko, y hubo ofrecimientos concretos del Club Atlético Independiente, de Boca Juniors, de Platense y de Newell's Old Boys. En lo personal, los tres jugadores sentían mucho arraigo en el Deportivo Arandilla como para dejar la institución en edades tan tempranas, sabiendo además que contribuirían a desmantelar el plantel, que se había armado pensando en cosas de importancia deportiva."


-Natalio Encizo, historiador.



"En mi caso no hubo mucho que pensar. Nos veníamos pelando el traste desde las infantiles para darle algo a ese club, no para irnos a jugar en la 4ta de clubes llenos de figuras consagradas. Tanto a Benigno, como a Elías, y como a mí nos parecía que había mas cosas por conseguir en Arandilla antes de pensar en ese salto. Por mencionar una, habíamos conseguido el ascenso y nos moríamos por ver para qué estábamos en la nueva categoría. ¿No sería estúpido ir a probar suerte a Primera División cuando tenías otro desafío mas inmediato y encima con el club que te hizo debutar? Teníamos poquísimos partidos en primera, y que vengan tipos de Boca o de Independiente a decirnos "Pibe, te quiere Boca, vamos que no tenés por qué estar acá ni un minuto más" A mucha honra, señor! De hecho casi que nos juramentamos en ese momento que cuando nos fuéramos del Deportivo, iba a ser a algún club que no nos haga sentir que el hecho de ficharnos era salvar nuestras vidas, sino que tuviera una propuesta humilde, porque nosotros éramos así. Creo que tomamos la decisión correcta, y encima todas esas ofertas de nuevos aires no nos hicieron tirar a vagos ni mucho menos, porque por suerte el desempeño que tuvimos fue el mejor hasta el momento y dejamos a Deportivo Arandilla tercero jugando en la nueva división, lo que hasta el dia de hoy es la posición más alta en la que se encontró el club en una tabla de posiciones."


-Agustín Cosentino, futbolista.




"Tras esa buena campaña histórica que hizo Deportivo Arandilla en la B nacional, a lo largo de la cual se hablaba largo y tendido sobre el más que obvio futuro inmediato de las tres figuras en algún equipo de Primera A, siguió habiendo ofrecimientos y esta vez vistos con mejores ojos por parte de los jóvenes talentos. Benigno y Cosentino habían entablado conversación en muy buenos términos en varias ocasiones con un dirigente de Huracán que básicamente demostró desvivirse por la idea de incorporar a la dupla, mientras que Elías Klymenko aceptó pasar a Independiente, club del cual era hincha desde la infancia. Ante el asombro de muchos, tanto Benigno como Agustín accedieron a pasar a jugar en la institución de Parque Patricios, recibiendo el club de Corimayo 14.000 pesos a cambio del armador, 12.000 por el wing derecho, y el pase de Lorenzo Rey Cabañas, fullback izquierdo de Huracán dotado con una gran salida y notable marca. La humildad de un equipo de primera división, era comparada a la humildad de un equipo de segunda, un lujo, y fue así que los ojos de los atacantes se desorbitaban al observar las instalaciones del club quemero, que aún así distaban de las de instituciones de primer nivel como River Plate o Boca Juniors. Ambas nuevas incorporaciones se trasladaron desde el conurbano a una pensión a cargo del club que los recibía, con un ímpetu jamás antes conocido a la hora de cuidar a juveniles recién llegados. Estaba claro que se trataba de una apuesta muy fuerte por parte del Globo, y muchos ojos y pesos eran depositados sobre los hombros de estos dos chicos."


-Eduardo Lapentti, historiador.





jueves, 21 de agosto de 2008

1934-1943

"No patiaba en el vientre. Claro, eso nos lo preguntan siempre pero ia me parece un poco tri-iádo porque todos sabemos lo que fue después, vió? El fulbo para el Beni iegó relativamente tarde, fijate que hasta los 7 años todavía no era de ningún cuadro y ia sus amigos eran todos bastaaante fulboleros. Pero él siempre tranquilo, le gustaban los autitos de colección, los limpiaba, los ordenaba. No sabe cómo los limpiaba! Todo el día.. si io te contara.. Igual nunca le sospechamos ninguna tara porque era muy chiquito y se hacen todo tipo de cosas cuando uno es guachito, pero si te soy sincero, él se manejaba con una.. una cierta neurosis. A veces se me da por pensar que la mudanza al Beni.. lo cambió bastante, él no había cumplido ni los ocho cuando nos fuimos de Río Quincuagésimo para Buenos Aires. No te voy a decir que le afectaba dejar a los amigos porque era bastante retraído, casi que medio lo tildábamos de desamorado al chiquito. Pero bueno, era así.. muy de estar en sus cosas y apegarse más a los objetos te diría. Io mucha fe no le tenía al asunto, pero lo quería ver conteeento y le conseguí una pelota, una pelota de tiento así bien dura, vos viste lo que eran antes esas pelotas, no? Aparte lo veías al Beni con la pelota al pie y le iegaba por la rodilla maomeno, era una irregularidá del suelo jaja, chiquito chiquito era: un poroto.

Iba durmiendo en el asiento de atrás con la pelota agarrada, durante el viaje y la tuvo de almohada desde donde ahora está Atalaia hasta que iegamos al pueblo de Corimayo, donde nos asentamos en 1942. Pueblo es ahora obviamente, porque por esa época era desoladísimo el lugar, campo campo.. pero bueno, por ahí ia vivía mi hermano con la señora y me sumé trabajando de sepulturero con él en el cementerio de la zona. La mamá de Beni, que por esos tiempos ia no gozaba de mucha salud, trabajaba con mi nuera en una proveeduría que tenían tambien mi hermano y eia, en la que el Beni les hacía los despachos. Andaba con cajones de acá para aiá, que de alguna manera le hizo sacar fuerza.. pero él, siempre como ia te conté, siempre un alambrecito.

Te hablaba io antes de cómo se apegaba más a los objetos que a las personas a veces. Y bueno... cuando uno tiene muchos objetos y muchas posesiones podemos decir que divide su atención en todos esos objetos. El Beni nada más tenía sus autitos y la pelota, que por ese momento.. para mí ia le iba ganando la pulseada a los autitos, largamente. Hacía de cuenta que no estaba muerto io.. bah, no voy a decir muerto por respeto a los finados que me tocaba enterrar, pero hacía como que no estaba tan cansado a la noche y le daba el gusto cuando él me pedía de patear un rato. Es más! Clavábamos dos palas en la tierra del patio a una distancia de dos metros entre sí, por ejemplo, y eso eran los palos del arco. Después mas adelante cuando se hizo un grupito de amigos para jugar, seguían usando las palas, pero cruzaban una soga atada al mango de cada pala y formaban un travesaño, al que le aplicaban unos broches para sostener firme unas bolsas de arpi-iera que venían a hacer de red. Te voy a decir que ia de entrada no pateaba nada mal, aunque hasta el día de hoy la potencia nunca fue su fuerte, eso lo sabe todo el que se precie de conocedor, no? Pero fijate que io me paraba ahí pensando que íbamos a jugar a los pases y a primera me la tiraba pegadita a los palos el muy turro.. a colocar.

Eramos todos hinchas de Deportivo Mila Rayén (el equipo de Río Quinguagésimo), salvo mi hermano que era de Los Andes pero igual simpatizaba un poco por Racing, mientras que su mujer no disfrutaba mucho del fútbol. No así la mamá de Beni, que se ponía como loca viéndolo patear a él y a los amiguitos, de los que te empiezo a hablar ahora. Estaba Maximiliano, que era hijo del afilador, Don Aníbal. Con ese fue con el primero que se hablaron, y creo que era porque los dos eran personajes tan de andar de un lado para el otro que el cruce era inevitable, viste? Beni andaba con cajones, el otro chico casi todo el día en la vereda o digamos.. mas que vereda, en el frentecito de la casa. Después estaba Isidorito, que vivía con los abuelos de la mano de enfrente, a unos 70 metros. Los abuelos eran unos gaiegos, gente amorosa la verdad.. y bueno, un grupito de 8 pibes se armó al principio y después creo que terminaron siendo 10. Mas tarde se agregaría uno más, el Damián, completamente incapacitado para jugar a la pelota.. que aparte siendo el impar, se convirtió en una especie de referí-mediador, un pibe maravi-ioso que daba una risa tremenda de ver, petiso y con un corte de pelo en forma de taza tratando de separar a los que le ievaban media cabeza. Eran chiquitos y jugaban fuerte, no sabés de qué manera se entraban. El único que no jugaba fuerte era el Beni.. de hecho, todo lo contrario. Creo que en todas las veces que lo ví jugar de chiquito, jamás trabó y ganó la pelota. Le preocupaban sus piernas.. la pelota se iba a donde el azar la mande, o se la ievaba limpita el otro, y Beni se paraba y se miraba la pantorrilla. Era una contra gigante! Se iba mentalmente del partido por medio minuto! Mas adelante, de todas formas.. eso lo cambió. ¿Y sabés por qué lo digo? Te sonará exagerado pero te lo juro por dios.. que no lo trabó nadie más. El estilo que supo tener, hacía que la pelota esté en sus pies muy poco tiempo, pero solo para hacer cosas determinantes. Hacía todo a un toque.

Me di cuenta de lo que podía hacer con la pelota un día a la hora de la siesta, en la cual se disponían a jugar un partido, que los jugaban siempre con equipos fijos, Beni siempre con los primeros chiquitos que te comenté antes.. y bueno, el Damián se encaprichaba porque lo iban a venir a buscar, y Beni quería esperar a Rafael, que era el que les hacía de arquero y estaba juntando huevos de codorniz en el granero de su casa, pero avisó que ia iegaba. Damián decía que si no empezaban de una vez, aunque sea con uno menos, en 15 minutos se quedaban sin árbitro porque él se iba. Al Beni le daban gracia los arranques de Damián entonces lo empezó a sobrar iéndose con la pelota por cualquier lado, le gritaba de manera burlona que mejor les hacía de referí la tía. Me acuerdo que Damián lo sale a correr, io me asomo desde la casa y me los veo venir para mi lado corriendo... EN ESO, cuando pensé que se paraban al lado mío y Damián le quitaba la pelota con las manos, Beni mete un cambio más y puum, me dio una vuelta alrededor a la velocidad a la que cualquiera correría sin la pelota.. atadísima.. y siguió por el otro lado como habiendo dado una vuelta en U, volviendo hacia el lugar de donde vino.

El 43 fue un año que nos vió bastante bien en lo económico, por suerte, si bien eso era algo raro para la maioría de las personas por aqueios días. Pasó que el pueblo iba creciendo y en la proveeduría trabajábamos como locos, Beni de hacer tantos envíos ia dejaba un sendero marcado en todas las direcciones, como un tigre alrededor de un árbol esperando a que baje el explorador para comérselo. De todas formas ia estábamos creciendo y necesitábamos contratar aiuda porque simplemente no dábamos abasto, y empezó a trabajar con nosotros una chica vecina, Laurita, de manera que Beni ia no estaba tan atareado por esa época. Los chicos, del patio de casa se mudaron a un descampado cercano para sus partidos. Un lugar bastante grande, y la verdad que se la pasaban ahí todo el día si iban. Generalmente después del colegio, y mínimo tres veces por semana. Ia eran enfrentamientos de alto vuelo esos, con Beni a la cabeza por un lado, y con Agustín a la cabeza por el otro. Agustín Cosentino era un pibe del colegio, que si no me equivoco tenía un año menos que Beni, y una personalidad casi opuesta en todo sentido. Era uno de esos pibes que viven todo hacia afuera, inquietos, gritones, quilomberos, y de muy buen corazón hasta donde supe ver. Eran mejores amigos, y de ese grupito daban la sensación de ser los únicos que a simple vista no podían estar mejor destinados a otra cosa que no fuera la pelota. Estamos hablando de nenes de menos de 10 años que te podían mantener la pelota en el aire mas de una hora si los dejabas, ia era una cosa de no creer.. por eso creo que de alguna manera con su mamá nos mentalizamos de que no aiudar a Beni a ver hasta dónde podía iegar en el mundo de la pelota sería medio injusto y de burro, así de simple.

Con la idea de ir a probarse al Deportivo Arandilla se entusiasmaron todos, pero Agustín y Beni más que ninguno. Nos recibió Eduardo Molina me acuerdo, que era por ese entonces el coordinador de inferiores de ese club, muy discreto y que disputaba el tercer torneo profesional de la asociación. Tenía pocos socios aún y contaba con una cancha de bochas, un quincho, tres canchitas ínfimas con arcos sin travesaño y la cancha de 11 para disputar los partidos oficiales, junto a las cuales, encimadísimas tablas de madera empotradas sobre una estructura de hierro hacían de tribuna.

A los chicos que venían a las pruebas los ordenaron por categorías, y tras hacer un par de ejercicios de pelota se dispusieron a armar un partidito con un rejunte de pibes de las categorías '32 y '33 del club. Curiosamente esa fue la primera vez que Benigno y Agustín jugaron juntos. Juntos juntos, porque siempre que estaban en la misma canchita jugaron en contra.. y dejame decirte que lo que hubo ahí con esos dos en un mismo equipo fue un rotundo afano. Los chicos le ganaron a los infantiles del club por 3 a 1, con un gol de Agustín (un zurdazo al medio del arco y arriba, clavándose en el lado interior del techo) otro de cabeza con asistencia de Beni, hecho por un chico que venía de Burzaco y que jugaba en el campito de una parroquia con pibes monaguillos, se llamaba Elías Klymenko, y era desagarbado pero bastante habilidoso para la clase de cuerpo que tenía. El tercero lo hizo Benigno tras recibir una pared de Agustín, y sin pararla siquiera, darle con la cara interna del pie para que vaya rasante a la esquinita inferior izquierda. Imposible para el arquero, que le estaba saliendo a achicar y no logró atolondrar esa.. frialdad para definir que tenía Beni las pocas veces que tenía ganas de ir él mismo y llegar al gol. Lo que sí logró el arquero fue llevárselo por delante una vez que la pelota ya tenía destino de red, y se desplomaron los dos al suelo, el chico de espaldas, y Benigno de jeta para adelante.

Beni se volvió a la mitad de la cancha con un trotecito y sacudiendo las manos, mirándome a mí que estaba metros a su derecha viéndolo todo.

-Me sangra la naríz?

(Le hago que no, con la cabeza)



El sabía que en ese club lo iban a querer.


Domingo Miramonte, su padre. Entrevista realizada para El Gráfico del mes de septiembre, 1966.